Por Enrique Salvatierra
miércoles, 11 de agosto de 2010
OPINIÓN: Honorio puede ser la guinda a un gran proyecto
El Melilla crece. Nadie puede obviarlo. El año pasado se dio un paso de gigante, que nadie debe olvidar. Estuvimos a las puertas de algo grande, y el fracaso final nos tiene que servir de impulso para lograr el objetivo. Tras la aborágine electoral, las aguas volvieron a su cauce y la planificación deportiva de la próxima temporada comenzó a gestarse. A cuentagotas, pero el plantel de García Tébar ha ido cobrando una forma expcepcional. Todo sobre el papel claro está. No entraré a valorar la situación de Manolo Pérez, Rubén o Álex Fernández. El fútbol es un mundo cruel, que no entiende de pasados y solo vive del instante y de un presente que hoy te encumbra y mañana te sacrifica públicamente. De momento, solo queda tener confianza en un entrenador, García Tébar, que el año pasado nos devolvió a la primera plana de la Segunda B. El tiempo dará y quitará razones. Mientras estos jugadores buscan una salida, la plantilla ha seguido conformándose. Quinín, Castells, Víctor Bravo, Guille Roldán, Enguix y Honorio. El mediapunta procedente del Puertollano, es ahora mismo la guinda de un pastel, que muchos desearían poseer. El grupo entero alaba el plantel que se está formando, y el Melilla volverá a ser un rival temido en cada estadio que pise, entre ellos, el Carranza y la Condomina, dos buenas plazas donde habrá que ganarse el título que muchos ya nos ponen, el de candidatos al ascenso.
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